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Columnas Ecoanálisis

La conservación del cimarrón

El pasado lunes 9 de septiembre el reportero de casa Saúl Martínez publicó una entrevista que me hizo el 25 de junio en San Felipe que causó una reacción que me obliga a complementar esa información.

Por Alberto Tapia

El pasado lunes 9 de septiembre el reportero de casa Saúl Martínez publicó una entrevista que me hizo el 25 de junio en San Felipe que causó una reacción que me obliga a complementar esa información. A pregunta del reportero, dije que en Baja California Sur y Sonora se está intentando la conservación del ovejo mediante su cacería. Esta afirmación siempre ha despertado polémica. ¿Cómo se puede conservar si se le mata? Lo que pasa es que al venderse cada macho adulto entre 35 y 50 mil dólares, se tiene dinero “supuestamente” para vigilarlo, monitorearlo, reproducirlo y en esos Estados, nadie se opone a la cacería del cimarrón.


Por el contrario, en Baja California, un estudio estadístico de IMERK encontró que de cada 10 bajacalifornianos, 9.8 están en contra de que se cace al símbolo del Estado y Mascota de la UABC. Aquí detuvimos una cacería irracional de 16 años consecutivos, de 1974 a 1990, por la falta de transparencia del manejo de los recursos que la caza del cimarrón produce, porque no le beneficiaba ni al mexicano rural de la zona borreguera ni a la especie misma. Aquí gran parte de  la sociedad se sumó a la protesta de la UABC y los cazadores locales, hasta que el presidente Salinas anunció la veda en diciembre de 1990.


Son situaciones diferentes, allá la indiferencia de la sociedad, aquí su participación activa y decidida a detener la caza del ovejo. Llevamos casi 30 años de que no se expide permiso  para cazar un cimarrón en el Estado 29. Todo ese tiempo hemos esperado que alguna entidad gubernamental implemente por fin un programa de conservación o cuando menos, uno de inspección, vigilancia y monitoreo, para saber cuál es su condición actual, y no lo hemos tenido y no se ve para cuando tenerlo. Entonces para nosotros, el reto no es conservarlo cazándolo, sino conservarlo sin matarlo.


Por eso sostengo que antes de pensar en cazarlo, debemos implementar un programa de conservación integral con refugios naturales en donde el cimarrón pueda continuar su evolución sin la interferencia de la cacería, el ganado, las carreras fuera de camino, los burros ferales, nuevos caminos y cercos, minería, etc. En eso estamos trabajando con la UABC a través de su Fundación, FUABC, con ejidos comprometidos con la conservación, no solo del ovejo, sino de todos sus recursos naturales. Pero sobre todo, con el apoyo de empresarios bajacalifornianos que están financiando el proyecto y que pronto se darán a conocer resultados concretos.


Ahora, a aquellos que se decepcionaron con mis declaraciones, les digo que NO estamos en pro de la caza de este bello animal. Si en aquellos Estados lo hacen, esa es su decisión. Si aquí las UMAS borregueras que se anuncian en la citada publicación consiguen los codiciados permisos, tendrán que dar la cara a la sociedad que se opone a ello. Aquí, los últimos reportes de los monitoreos dicen que la población está estable, sin cacería y con furtivismo, esa es la realidad.


*- El autor es investigador ambiental independiente.

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