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El ejemplo que arrastra

“Las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra”. Tal vez los corazones de Juan Carlos e Irineo dejaron de latir en sus cuerpos, hoy laten en miles de personas generosas.

Por Ariosto Manrique Moreno

“Las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra”. Tal vez los corazones de Juan Carlos e Irineo dejaron de latir en sus cuerpos, hoy laten en miles de personas generosas.

Conocí a Juan Carlos Castro Munguía en el 2002, lo conocí en la Coparmex y recuerdo muy bien que nos compartió unas reflexiones muy interesantes a un grupo de jóvenes emprendedores que empezábamos a organizarnos por aquellos tiempos. Alegre y siempre sonriente, El “Pollo”, porque así me lo presentaron, honraba desde muy chavo los rasgos principales de sus padres: trabajo, sencillez, humildad, humor y buen trato.

A Irineo Limón Vargas no tuve la oportunidad de conocer, pero basta con voltear al árbol para reconocer y entender sus frutos. La familia Limón no solo ha sido referencia para todo el sector comercial de nuestra ciudad, sino ejemplo de solidez moral y de participación ciudadana. No se comprende el origen de la dinámica empresarial de Baja California sin conocer el rol que la familia Limón tuvo y tiene en la vida económica de la región.

La historia de Juan Carlos e Irineo es profunda e impactante: ambos eran dos jóvenes empresarios Bajacalifornianos que fueron diagnosticados con cáncer en el 2002 y ambos decidieron enfrentar su enfermedad uniendo esfuerzos para brindar apoyo moral, espiritual y económico a niños y adolescentes de escasos recursos también diagnosticados con cáncer.  ¡Que corazones tan grandes, qué increíble el desprendimiento de sus propias aflicciones por dar y ayudar a los demás!

Ambos fallecieron por ahí del año 2003 y fue cuando, con el apoyo de familiares y amigos, el milagro se empezó a dar. Tal vez los corazones de Juan Carlos e Irinero dejaron de latir en sus cuerpos pero los efectos de su desprendimiento y generosidad empezaron a latir en miles de corazones que volteamos a conocer de cerca la iniciativa de Fundación Castro Limón con la misión de dar esperanza y apoyo a familias de niños y jóvenes diagnosticados con cáncer.

Hace unos días tuve la oportunidad de ver con mis propios ojos ese milagro que les estoy comentando, vi la generosidad contagiada de cientos de personas por esta iniciativa, los vi cooperando de forma creativa y alegre, los vi con ganas de ayudar, con ganas de salvar vidas, con ganas de dar esperanza. El evento de Fundación Castro Limón, 3ra. Luna de Esperanza, fue un gran éxito y no solo en lo económico sino en el ejercicio ciudadano de interesarnos y apoyar a quienes más lo necesitan.

Yo se que la situación económica es incierta, que los tiempos en que vivimos son complicados pero también se que llevamos años así y que no nos quedará de otra mas que enfrentarlos con ánimo y con el doble reto de no olvidarnos de quienes la están pasando realmente mal. Hoy Fundación Castro Limón tiene a 90 niños en tratamiento contra el cáncer y otros cientos más en diversas terapias, hay familias que la están pasando de verdad mal y nosotros con poquito podemos hacer una enorme diferencia.

La próxima vez que escuches de esta fundación o cualquier otra de las que son serias y transparentes, date la oportunidad de desprenderte y ser generoso. La generosidad es uno de los valores más importantes en una sociedad desarrollada que pretende ser mejor, más balanceada, sin pobreza y sin injusticias. Dar a los demás nos ayuda a poner límites al ego que todos tenemos dentro para asumir un compromiso de pensar y hacer algo por los demás. Hoy es por ellos, tal vez mañana sea para nosotros.

* El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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